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A subir la vara en Mayagüez 2010



El compromiso está hecho, no hay marcha atrás. Los gobiernos municipal y estatal duplicaron esfuerzos para avanzar en la construcción de los escenarios deportivos. El comité organizador quedó inmerso en la logística de la competencia, en allanar el camino para que todas las delegaciones desfilen el 17 de julio en el nuevo estadio que albergará la ceremonia inaugural, y en garantizar el éxito.

Hoy día, las principales instalaciones se encuentran en un 90% de su construcción, con fechas establecidas de entrega para que sean utilizadas a manera de ensayo con eventos de primera como las justas interuniversitarias. El actual ritmo de trabajo, salvo que elementos sorpresivos de la naturaleza dicten lo contrario, garantizará que todas las piezas estén en su lugar antes de la fecha inaugural.

Mientras los trabajadores laboran como hormiguitas, nuestros atletas entrenan a brazo partido para dar lo mejor en busca de las codiciadas medallas. Ellos tendrán la oportunidad de escuchar La Borinqueña en casa y ganarse el aplauso de un soberano que también tiene el compromiso de estar en cada una de las instalaciones de competencia.

Esta será una gran oportunidad para que Puerto Rico se abrace de norte a sur y de este a oeste, para que se rompan las barreras de la distancia y se deje de ver el oeste como un lugar lejano donde sólo se va de playa en el verano. El éxito económico de este certamen descansa en el apoyo de cada uno de nosotros. Al unísono, las organizaciones rectoras de los juegos han recurrido a todas las herramientas legales y de Estado para que la delegación de Cuba pise suelo boricua con sus extraordinarios atletas reconocidos como de los mejores del mundo. Aunque intensos ya han sido los esfuerzos del comité organizador y del Comité Olímpico para asegurar la presencia cubana, el equipo boricua debe sumar más millas extras en las siguientes horas a esa gestión.

Por su calidad competitiva como potencia deportiva mundial, es importante que Cuba venga. Deseamos que así sea. Esta semana debe producirse, y ser anunciada, la decisión cubana al respecto. Pero cual sea la decisión, Puerto Rico ha cumplido su parte y tiene que empezar sus preparativos para, en el escenario que sea, montar los mejores Juegos de su historia. De manera que, sea por disputa de política internacional, en lo que lamentablemente no tenemos control, o por simple desplante, si Cuba no viene, el deporte puertorriqueño redoble sus sacrificios, eleve aun más su propia vara y cumpla dignamente con su país.

Desde el 17 de julio y por las siguientes dos semanas, habrá una llama ardiendo en el pebetero. La intensidad de ese fuego debe arrojar suficiente luz para que todos abracemos como pueblo este irrepetible compromiso.